El cuarto de las lavadoras

Generalmente yo nunca me entero de nada, bien sea algo en la familia, alguna noticia importante o para cuando quedabán los parciales en la oficina. Tengo un don para perderme en el momento que dicen las cosas importantes. Seguro que cuando llegué el apocalipsis zombie voy a ser de los primeros que van a morder.

Como ejemplo voy a poner la siguiente historia: Hace un par de años me saqué a vivir juicioso y conseguí un apartaestudio la mar de mono en un piso 12, a dos cuadras de la oficina, 1 de un supermercado y 4 de los bares. Esto es calidad de vida.

Sin embargo, algo me faltaba: Cada fin de semana tenía que recoger mi ropa sucia y buscar donde lavarla. El cuento ya era rutina después de año y medio y estaba seriamente pensando en invertir parte de mis ahorros para comprar una lavadora y subir otro peldaño en la escala de madurez. Había hecho un par de averiguaciones y hasta las secadoras entraban en el presupuesto. Es lo que tiene irse a vivir sólo, se despierta el ama de casa que todos tenemos dentro.

Uno de esos días se daño el ascensor del edificio y como tenía que salir a la oficina comencé a bajar por las escalas hasta llegar al tercer piso, donde las escalas se perdían y lo que aparecía era un pasillo que giraba un poco más adelante.

-Ah, entonces así es como llega la gente al segundo piso, el de los consultorios, pensé.

Si ustedes han jugado Zelda van a recordar que cuando uno encuentra un secreto o un pasadizo nuevo, suena una tonada característica. Algo indicando que hay rupias, un corazón o una botella para guardar pociones, ve tu a saber.

Pues bien, al girar por el pasillo me sono en los oidos la misma tonada, en surround. Por una puerta entreabierta se veían un par de lavaderos, dos lavadoras y una secadora. Vida berraca. Año y medio paseando con un morral de 75 litros por toda parte y apenas me vengo a dar cuenta que en el edificio había zona de lavado.

Después de preguntarle a los porteros me dí cuenta que si, que teniámos una zona de lavado comunal y que se podía usar indiscriminadamente. Mi vida ha cambiado totalmente y lo que iba a invertir en la lavadora lo he gastado en jabón en polvo del caro y suavizante del mismo de las propagandas.

Uno de estos días voy a bajar al sótano y darme cuenta que tenemos gimnasio. O que hay piscina en el último piso. También espero que uno de estos días alguien me llame a decirme que ya llegó la nave nodriza y que salimos mañana a las 8:00, no vaya a ser que me quede por aquí.

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Comentarios

  • carolfeyser  On febrero 15, 2013 at 4:07 am

    Muy divertida tu anécdota. Me he reido mucho cuando has hablado del zelda… como si lo estuviera viendo. Un saludo

  • pedro | reparacion  On marzo 26, 2013 at 1:36 pm

    que chiste bueno por lo menos ya sabes que tiene cuarto de lavado

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